Lo singular de Américo Tapia es su origen en el mundo análogo de la fotografía pero, no obstante, es un convertido a la tecnología de los pixeles; lo que no significa una renuncia ni menos una transacción calculada de sus convicciones respecto al propósito y finalidad de ésta. Los principios estéticos y técnicos que configuran su trabajo provienen del lenguaje original de los fotógrafos clásicos: la composición de formas con dosis de luz y sombra. Y por cierto, haber conocido desde niño la obra de Helmut Newton fue, sin duda, un estímulo incontenible para iniciarse en este arte.
En la atmósfera de los procesos químicos para el registro de los instantes es donde se comienza su labor fotográfica y su gusto por el control de todos las variables de la toma y exposición. En este aspecto cree que hay un gran peso en la relación de complicidad y empatía con la cámara y las posibilidades que ofrece para estar en posesión de los factores técnicos de cada foto. Por otra parte, hay conceptos innovadores que surgen en su tránsito hacia lo digital, como el incremento de variables para romper la autonomía de lo dado ante el lente, como también para intervenir el simple registro de los hechos. Así entonces, A.T. combina lo mejor de los dos mundos.
En suma, la máquina fotográfica es un instrumento trascendental de la subjetividad que reviste al artista, a través de un soporte mecánico, de un poder de suspensión del tiempo y de fijación de la corriente de los hechos en sucesión constante. Es por el alcance de esta concepción que A.T. declara un principio para la evaluación de la fotografía como lenguaje de la temporalidad detenida y eternizada, a saber que si hay un suceso en suspensión como un acto flotante en el tiempo en virtud de gesto fotográfico entonces hay un registro con sentido y peso estético. No hay fotografía deficitaria ni mediocre a partir de esta máxima. Los reglas canónicas del arte quedan remitidas a una simple referencia nominal para el novicio, pero en el arte mayor el propósito es hacer fotografías incondicionales como obras de la espontaneidad magistral.
Sus Influencias declaradas son, como ya se dijo, fotógrafos que superan el margen de lo meramente bello hacia los bordes de la comprensión y sensibilidad establecida. Dentro de éstos, destaca nítidamente Steven Meisel y Mario Testino como estandarte de la nueva cultura visual en la que A.T. se mueve como su medio natural y propio.